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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>Cosas que hacemos y decimos la gente</title><link>http://cosasquehacemosydecimos.blogia.com/</link><description><![CDATA[  
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Fri, 13 Nov 2009 13:03:19 -0600</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>11/11/2009. Un año después, vuelvo.</title>
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	<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 18:17:00 -0600</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Javi y Victor se han liado. Los de Fama, sí, qué le voy a hacer si en este momento mi contacto con la realidad tiene lugar en parte a través de según qué parcela de la programación de según qué cadena. Se han liado, y ese hecho, lejos de no haber originado reacción alguna en la academia, así lo ha hecho. Muchas.</span></span></span></p><p><span style="color: #ffffff;"><br /></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Pero la que más me interesa es la de Juan, porque Juan opina que es muy fuerte que se hayan liado para tener más puntos de quedarse en la escuela, caso de ser nominados, porque todo el mundo sabe que esas cosas, al público, le encantan.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Y esa reacción me interesa, sobre todo, porque ha tenido, a su vez, otra: Javi y Victor opinan de Juan que quiere separarlos, porque inventarse semejante burrada, para qué va a ser, si no.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><br /></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span>Es gracioso. Tanto Juan como Victor, y por supuesto también Javi, opinan que involucrar de alguna manera una relación sentimental en una mentira para no ser expulsado de la escuela es un acto deplorable. Y por tanto ninguno de los tres cree estarlo haciendo, claro está. Ni se les pasa por la cabeza. Juan opina que es deplorable, y por tanto, no puede habérsele ocurrido a él, al menos no de la nada. No ha podido concebir algo que considera ruin él solo; bueno, igual sí hubiera podido concebirlo, pero inmediatamente después se habría dado cuenta de la ruindad de tal concepción y simplemente no hubiera dejado que saliera de su cabeza. Siguiendo ese razonamiento, Juan piensa que si ha visto indicios de tal degeneración, es que la hay. Él no ha creado la idea. Victor y Javi, por su parte, opinan que ha tenido que ser Juan el que haya creado la idea atroz de que tal mentira sea posible, porque, desde luego, no se reconocen en su historia.</span></span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Tantas veces son así, las cosas, tantas veces opinamos unos y otros que lo mismo, la misma cosa, está mal hecha, y tantas de esas veces les imputamos la acción objeto de juicio a esos otros, o a esos unos. Y viceversa. Y todas esas veces nos olvidamos, todos los involucrados, de a quién se le ocurrió la posibilidad misma de la existencia de esa maldad. Y no es que yo diga que tendríamos entonces que buscar al verdadero inventor de la idea, porque casi nunca existe del todo, al menos no como lo imaginamos. Pero sí habríamos de dedicar más tiempo a investigar si realmente alguien ha llegado a actuar mal, y cómo, en caso de que la respuesta sea negativa, se ha llegado a pensar todo lo que se ha llegado a pensar. Porque, fijémonos, existe un momento en que Victor y Javi ya ni siquiera van a por Juan por haber tenido semejante idea; van a por él porque quiere separarlos, según su propia indignación. Nadie repara ni por un segundo en que nadie ha mentido a propósito.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><br /></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Pero lo más raro de todo no es el hecho de que muchas veces olvidemos demasiado pronto cómo nacen determinadas acusaciones mutuas: lo más raro es que, la mayoría de estas veces, la razón por la cual resulta tan fácil olvidarse de ellas es que nuestras acusaciones no vienen causadas directamente por la acusación previa y en sentido opuesto. Me explico: si lo que molestara a Juan, de alguna manera, fuera realmente que Victor y Javi se enrollaran, y quisiera influir en cambiar esa realidad, les acusaría premeditadamente, y entonces recordaría haberse inventado él la acusación. Si Victor y Javi, al escucharla, tuvieran el objetivo de rebatirla, de convencer al resto de que es falsa, recordarían claramente que es Juan el que se la ha inventado -o, en el caso de sentirse ofendidos por opinar que es verdadera, recordarían perfectamente ser ellos los culpables de que exista tal acusación-. Pero como ni Juan reacciona únicamente a los besos, ni Victor y Javi a la acusación de Juan, nadie se puede acordar del origen de la última, o primera, según se mire. El uno simplemente se siente amenazado como concursante de Fama. Los otros, como amantes.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><br /></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Resumo ya. Al final resulta que los hechos han tenido lugar en el orden siguiente, aparentemente causados por el inmediatamente anterior: </span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="font-family: times new roman,serif; color: #ffffff;">J. y V: se enrollan <span style="font-family: DejaVu Serif,serif;">></span>J. Les acusa de fingir para no ser expulsados <span style="font-family: DejaVu Serif,serif;">></span>J. y V. acusan a J. de querer separarlos.</span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="font-family: times new roman,serif; color: #ffffff;">Sin embargo, las causas últimas de cada hecho son:</span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Javi y Victor se enrollan porque se atraen.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Juan opina que lo hacen para no irse porque no piensa en otra cosa.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Javi y Victor opinan que les quieren separar porque así crean una brecha entre ellos y el mundo que haga de su recién estrenada intimidad una que merezca la pena defender.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Esto es, el hecho inmediatamente anterior a cada uno es un gatillo, eso sí, pero no la verdadera causa de cada reacción. Las verdaderas causas están tan alejadas, tienen tan poco que ver con la persona que tienen enfrente, que no es que ninguno de ellos esté pensando en entenderse, sino que no lo están haciendo ni siquiera en pelearse. </span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Así cómo queremos claridad.</span></span></span></p><p style="margin-left: 0.05cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 100%;" lang="es-ES" align="left"><span style="color: #ffffff;"><span style="font-family: times new roman,serif;"><span style="font-size: small;">Así no se puede.</span></span></span></p>	
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<title>11/10/2008</title>
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	<pubDate>Sat, 11 Oct 2008 14:57:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p>Esta mañana me encontraba en la parada del 37, en la Castellana, por razones que en cualquier caso no vienen al mismo. La cuestión es que esta parada también lo es del 10, del 14, así como de otros tantos que no intervienen en la anécdota que voy a contar hoy. Pues bien:</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Una señora -oficinista y de avanzada edad, es todo cuanto puedo decir de ella- ha llegado corriendo.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">-Andrés, no te subas al 10 que viene ya el 37. De verdad que sí.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Como aclaración explicaré que ambos autobuses siguen recorridos parecidos, si bien lo suficientemente dispares como para, según dónde viva uno, tener uno de los dos como objeto de clara preferencia.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">-Que lo he visto en Internet, que hay un sistema estupendo, que metes el número del autobús y el de la parada y te dice ya todo todo. Y me acaba de salir que el 37 llega en dos minutos, por eso corro.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Literalmente.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Total, que Andrés no se sube al 10. Ni yo tampoco, que a mí me viene mejor el 37 y tengo absoluta fe en Internet y el sistema de avisos del ayuntamiento.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Esa es exactamente la cuestión: tanto Andrés como yo teníamos fe en el sistema. En el sistema. No contábamos con la adhesión de datos a la situación que había supuesto el hecho de que la oficinista de avanzada edad había sido quien lo había consultado. Y el hecho que prueba la existencia del filtro/oficinista en la situación es el siguiente: Pasan cuatro autobuses, y ninguno de ellos es el 37.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Seguimos esperando.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">A los diez minutos, pasan más cosas: llega un 14. Andrés insinúa que si se suben. Nuestra protagonista duda de sí misma. Si no ha aparecido el dichoso autobús&amp;hellip;</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">La mujer de avanzada edad ya no creía que el autobús fuera a venir:</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">-Se habrá escapado antes de que llegara.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Se suben.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">La mujer se fía de la situación, de la prueba irrefutable de que estaba equivocada que le parece el hecho de que el autobús no haya venido. Pero no se da cuenta de que, de nuevo, existe un filtro que no le deja leer bien lo que pasa o expresar bien lo que cree: su necesidad de relacionarse con Andrés de un modo socialmente aceptable. No le puede exigir que siga esperando. No le conoce tanto. La prueba de que este nuevo filtro-situación de tensión social la ha confundido es, de nuevo, lo que ocurre a continuación: Llega el 37, a los veinte segundos de desaparecer ellos.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Me subo. Pienso todo esto.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Me ha gustado que nos equivocáramos todos, por turnos y a la vez, y que nos equivocáramos además por las razones equivocadas. Por eso lo he pensado y por eso lo cuento. Pero no va más allá.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Ahora bien; sin duda, querréis conocer este dato: una vez en el 37, dos paradas más tarde, ella ha subido al autobús. Él, no.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Se abren las apuestas sobre la última conversación entre ambos, a bordo del 14.</p><p> </p>	
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<title>13/09/2008</title>
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	<pubDate>Sat, 13 Sep 2008 14:56:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p> </p><p>Estoy sentada en el segundo banco del ex-andén con dirección a Congosto de la estación de Pacífico en la linea uno.</p><p>Un grupo de chicas de entre quince y dieciocho años -y no quiero decir que entre ellas hubiera quinceañeras y diecisieteañeras, valga de ejemplo, sino que, teniendo todas exactamene la misma edad, ésta no me resultó obvia a primera vista-  se dedica, por intervalos cortos, bien a gritar con fuerza sin decir nada en concreto, bien a poner a parir a la componente que les falta para ser, por fin, el grupo completo que pasará el día en el parque de atracciones, tal y como está planeado. A parir porque llega tarde: Siempre hace lo mismo, es que le da todo igual, pero entonces, ¿en qué línea viene ella...?</p><p>Yo, como ellas, miro a la derecha casi todo el tiempo que tarda en venir mi tren. Quiero ver si llega, cómo es, cómo reaccionarán las demás cuando por fin aparezca...</p><p>Sin embargo, fracaso en detectarla por mi cuenta. Mi plan de mirar a la derecha no era malo, pero me falta atención. Ellas estaban mucho más atentas y me avisan con gritos-saludo, gritos-"qué guapa" y uno solo al respecto de la hora , muy concreto: "¡pero qué record, más poco tarde que nunca!" La que faltaba, la que ya llega, avanza desde muy lejos hacia nosotras con cara de indiferencia, aún no nos ha visto -sí, yo también pensé lo mismo, ¿es que sólo ellos son inmunes a su propio volumen? Qué guay-. Bueno, el caso. Pasa junto a un chico. El chico la saluda con la cabeza, aunque poco. Se conocen, pero tipo hijo de amigo de los padres de uno. Por cómo la saluda con la cabeza, digo. Ella mueve igual de poco la suya como respuesta, pero no hace ningún ademán de irse a parar para saludarle.</p><p>Entonces, nos ve. A sus amigas, digo, aunque verme, a mí también me ve. Sabe que llega tarde.  Sabe que todas la miran, que le están hablando a ella y que las dos que no le hablan a ella, hablan de ella.  Como todavía no ha sobrepasado suficientemente la altura del andén en la que se encuentra el único chico de esta historia -al menos no como para que resulte demasiado raro para él, aunque sí un poco- de pronto se da la vuelta y decide saludarle con grandes aspavientos. Sus amigas la miran, y eso hace que su interés por el hijo del amigo de sus padres se haya incrementado enormemente en un santiamén.Se alegra tanto de verle,le interesa tanto qué hace con su vida, porque el caso es que mi madre,sí, me cuenta, pero no demasiado...</p><p>Tienen un tipo de conversación que no merece la pena transcribir,pero que yo escucho atentamente, por si acaso.Después, ya puede reunirse con sus amigas.</p><p>Yo tengo envidia de cuando nos importaba más lo que pensaran nuestras amigas que los hijos de los amigos de nuestros padres.</p><p>Léase gente que nos quiere/gente que nos mira.</p>	
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<title>13/08/2008</title>
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	<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 19:36:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="margin-bottom: 0cm;">Eran las cinco de la tarde, y era una tienda de artículos de broma. Bueno, antes fue la puerta, luego la tienda. Y no hago esta puntualización por puro capricho, sino porque la sucesión de impresiones que es relevante relatar para poner al lector en situación tuvo lugar en un orden que está marcado por la de estos dos escenarios. Desde la puerta, y a través del cristal, la tienda se antojaba la fiesta misma que se supone se puede organizar una vez uno compra los productos que ofrece: se antojaba colores, caramelos, piñatas. Una vez dentro, sin embargo, la celebración más bien infantil se convertía en una bastante más decadente: el fluorescente no acababa de encender bien, las cajeras no parecían disfrutar especialmente de su situación laboral, las estanterías hacía cierto tiempo que no se limpiaban como es debido. A punto estaba de dar marcha atrás y volver allí donde la perspectiva era tan más acogedora, cuando llegaron a mí los primeros gritos de una pandilla de críos que corría por el interior del local. Los primeros que yo estaba en posición de escuchar, claro está; dudo mucho que se tratara de los primeros que les daba por proferir.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Eran gritos de auténtico júbilo. Emitidos a un volumen de hooligan, eso sí: debía quedar patente lo asocial de su alegría. Sin embargo, era evidentemente alegría. Alegría porque habían dado, en la zona en la que vendían artículos de broma, con el apartado titulado &amp;ldquo;bombas fétidas&amp;rdquo;. Os haréis cargo: a ver a qué huele eso, ojalá apeste, pero qué guarro eres, pero qué guay todo...frases, estas u otras de similar naturaleza, siempre acompañadas de carreras exageradamente rápidas por entre los pasillos de aquel almacén, carreras a su vez necesarias para huir de los olores que ellos y/o los artefactos, no sé quién era más responsable, iban provocando una y otra vez.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Los iban provocando,los iban disfrutando y los iban rehuyendo, y es que toda la diversión que disfrutaban se basaba enteramente en contradecirse a sí mismos:</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Cada uno de ellos -de los chavales, doceañeros y varones todos ellos- quería, cada vez que seleccionaba un artículo, que oliera mal, porque entonces seríatodotangracioso. Deseaba fervientemente que apestara, pero mientras lo deseaba corría despavorido para no sufrirlo en sus carnes.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Quería que las cosas olieran mal, pero no olerlas.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Cada uno deseaba, además del simple hecho de que el objeto seleccionado oliera o no, poder percibir su efecto el tiempo suficiente -décimas de segundo bastaban- como para distinguir exactamente cuán asqueroso era en realidad, y disfrutar así la verdadera dimensión de la diversión. A la vez no querían olerlo tanto, claro está, como para que lo asqueroso finalmente produjera la sensación que da sentido a su existencia y de la derivación de cuyo nombre resulta merecedor: el asco.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Esto es, querían ser conscientes de cada olor el tiempo suficiente, pero nunca demasiado.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Cada uno quería ser, por si fuera poco, el primero en percibir el mal olor de aquello que tocara oler, para convertirse en portador de la buena nueva -¡Este sí que da ganas de vomitar!- y poder representar, por derecho natural y unos segundos, el papel de héroe. Por ello mismo, si era otro el que lo conseguía -lo de detectar una nueva fuente de repugnancia-, su actitud consistiría en negar, durante un rato, que el olor descubierto fuera comparable -en asco- al inmediatamente anterior. ¿Este nuevo? Bah, mucho más rollo. Ahora bien: lo negaría sólo unos segundos, porque algunas de estas fracciones de minuto después, si lo continuaba negando, se convertiría irremediablemente en el pringado que se había quedado para oler lo que finalmente resultaba ser apestoso. Así, este último subcomportamiento -de los tres que componían en aquel momento y lugar el comportamiento global &amp;ldquo;probar bombas fétidas&amp;rdquo;- se basaba en tener una actitud y la contraria de manera consecutiva, y sucederlas, además, a una velocidad pasmosa: no querían ser los últimos en certificar el mal olor, pero tampoco celebrar la victoria del primero demasiado pronto.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Los tres subcomportamientos se fundamentaban, entonces, en el placer encontrado en experimentar voluntades contradictorias.</p> <p style="margin-bottom: 0cm;"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm;">Me gustan tanto las sensaciones que disfrutamos gracias a las voluntades contradictorias de todos los días: tener agujetas y no dejártelas de provocar, que te guste siempre aquel/la que no se fija en ti, beber zumo de tomate, en fin: el morbo, en todos y cada uno de sus infinitos grados de concreción en nosotros. Que todo lo que nos produzca impresión de verdad nos la produzca, irremediablemente, en las dos direcciones. Que no podamos dejar de sentir fascinación por todo lo que nos repugna más visceralmente. Y hala, ya acabo, que me estoy poniendo pesada y ya sabemos todos de lo que estoy hablando sin que haga falta más explicación: ¿veis? si es que hasta dejar de hablar de ello nos cuesta.</p><p><a href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007120301">Editar</a> | <a href="/admin.php?opcion=eliminararticulo&amp;idarticulo=2007120301" onclick="javascript:borrarArticulo(&amp;rsquo;2007120301&amp;rsquo;,&amp;rsquo;fc2a02e9201238dc38d180a2309c8b600b021482&amp;rsquo;); return false;">Eliminar</a></p>	
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<title>09/07/2008</title>
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	<pubDate>Wed, 09 Jul 2008 18:36:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p> </p><p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Cuando nos sonrió, decidimos devolverle la sonrisa. Éramos cómplices. Nos entendíamos, al menos, a mí no me cabía la menor duda. En realidad no me cabía desde justo antes de que sonriera, porque a mi entender tales imágenes sólo podían despertar un tipo muy concreto de reacción, de manera que sólo podía ocurrir que ésta fuera compartida por todos los espectadores. Pero es que, además, ella había tomado la determinación de confirmar mis sospechas al respecto de que la compartíamos, la reacción. Nos había sonreído, y ya estaba todo claro.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Las imágenes mostraban extirpaciones quirúrgicas de pechos a pacientes con cáncer. Todo muy de cerca y con mucha sangre.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La emisión tenía lugar en las pantallas de televisión que se encuentran repartidas a lo largo del andén del metro.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Ella era la única otra espectadora del minirreportaje. Se sentaba en el mismo banco que nosotros, aunque algo más cerca de la pantalla que mirábamos los tres.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Nosotros éramos dos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Mi reacción fue la de tratar de hacer explícito, por medio sobre todo de en principio exageradas caras de sorpresa,  mi estado de incredulidad .Incredulidad porque uno va en metro y va pensando en sus cosas y no espera encontrarse una realidad tan dura tan de repente, por un lado, con lo que no consigue reaccionar con el nivel de congoja que tal realidad requeriría, pero es que por el otro tampoco puede esperar encontrarse una  tan de vísceras y sangre, y siente rechazo, y no se  acaba de creer que a alguien le haya parecido que sin duda ésa era la emisión apropiada para ese momento y lugar. Incredulidad. Caras de sorpresa.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y ella nos sonrió, y éramos cómplices y nos entendíamos y yo tenía razón sobre que la mía era la única reacción posible.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y es que una sonrisa en aquella circunstancias significa eso, complicidad. ¿Qué si no? Podía habernos transmitido su asco, su preocupación, su indiferencia, su sorpresa. Pero se limitó a sonreírnos, a subrayar el acuerdo, y no la sensación concreta que ella pensaba objeto del acuerdo. Una sonrisa se la juega al error, desea que exista la idea de que se comparten sentimientos incluso arriesgándose a que no sea cierto.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">-&amp;rdquo;No hace gracia,en realidad no sé si os habéis fijado pero se trata de un tema bastante dramático&amp;rdquo;.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Así, tan de pronto. Habló, y dijo que no hacía gracia y que en realidad no sabia si nos habíamos fijado pero que se trataba de un tema bastante dramático.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Si para ella nuestra sonrisa, la última, la que le devolvíamos, reflejaba la inexistente gracia del vídeo; si la suya, ahora lo sabíamos, nunca pretendió expresar entendimiento ni acuerdo; si  tenía su origen causal en cualquier  otra característica de la situación que, además, se nos escapaba... entonces yo no había entendido ni entendía nada de lo que había estado pasando allí.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Fue justo en el momento en que ella hizo explícito que no nos entendía en el que nosotros nos dimos cuenta de que nunca la habíamos comprendido a ella. </span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Pues eso. Que la incomprensión nunca se da únicamente en una dirección. Al menos no del todo.</span></span></p><p> </p>	
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<title>29/06/2008</title>
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	<pubDate>Sun, 29 Jun 2008 12:43:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-style: normal;"><span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;">Se habían encontrado por casualidad. Hacía mucho que no se veían, y hay que ver cómo son estas cosas: en el mismo vagón de metro en el que él viajaba tranquilamente -y justo a mi lado- rumbo a su casa un martes hacia la hora de comer, en ése entraba ella ese mismo martes y exactamente a la hora en que él viajaba, aunque ninguno supiéramos exactamente cual era esa hora.</span></span></span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Él volvía de un curso, ella de una entrevista de trabajo, no pasaban de los veinte y su relación era del tipo que quiera que sean las que existen entre la exnovia de un amigo y el amigo de un exnovio. Que no pasaban de los veinte, eso lo digo yo. El resto lo decían ellos, y lo decían prácticamente a gritos. No tenían demasiada confianza -esto también lo digo yo-, factor que hacía aún más explícita la tensión que dominaba la conversación en la que ella le explicaba a él que no, que su amigo y ella ya no salían juntos, y que las razones eran muchas.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Justo después, los ejemplos ilustrativos de esas razones. Que estaban siempre discutiendo, que a él le gustaba más el fútbol que su propia novia, que no había manera de ponerse de acuerdo para hacer nada.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La tensión crecía. Yo no podía atender a nada más que a los que la originaban y vivían en primera persona. O eso pensaba yo. De pronto, en un momento de especial espectacularidad de la conversación, en un</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">-Si además, le gusta a mi mejor amiga, mira, así mejor para todos</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">sentí la necesidad de levantar la vista de quienes hablaban y fijarla en quienes por fuerza tenían que estar escuchando: el resto de mis compañeros de vagón. Busqué durante unos segundos una cara que me dijera algo, y de pronto allí estaba ella, donde siempre había estado: justo enfrente de mí, una chica de unos treinta miraba a los chicos en cuestión muy fijamente y con la boca abierta. Estaba tan absorta que, desde ese mismo momento, yo no pude dejar de mirarla a ella. Se fijaba en cada detalle, les buscaba cada prenda, cada gesto, con la mirada. Intentaba  retomar su lectura, pero no había manera de que se concentrara. En unos segundos, volvía a dedicarles toda su atención. Era incapaz de cerrar la boca. Nunca se reía, ni parecía escandalizarse. Únicamente podía  no dar crédito a lo que oía.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y allí nos encontrábamos todos: ella sólo miraba a los chicos, yo sólo la miraba a ella. Aunque sí mucho, el hecho de que a mí no me llamara tanto la atención  todo lo que estaba diciéndose a mi lado la convertía a ella en mucho más interesante para mí: por la pasión que ponía en escucharles,  por no poder  llegar a comprenderla del todo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">En ese momento, decidí sacar la libreta, para tomar alguna nota y poder acordarme más tarde de todo aquello. Mientras la sacaba, me di cuenta de que seguramente a alguien de entre todas las personas que estábamos en el vagón le parecería raro que una chica de pronto sacara lo que parecía una libreta y se pusiera a tomar lo que parecían algunas notas. Y me pregunté si esa persona pensaría que podría tener algo que ver con la divertida conversación de mi lado. O más bonito aún: si se habría dado cuenta de que también estaba relacionado, en última instancia, con la chica de enfrente, ralación no del todo imposible de percibir dado que seguramente mi manera de mirarla incluía, como a su vez lo incluía la suya, tener la boca bien abierta durante un considerable espacio de tiempo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y pensé que, si esa persona existía, ya éramos cuatro, interesándonos las unas a las otras en espiral. Y que cuántas habrá cada mañana en una ciudad como Barcelona. Sin que falte un eslabón, digo.</span></span></p><p> </p>	
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<title>10/06/2008</title>
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	<pubDate>Tue, 10 Jun 2008 13:37:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p> </p><p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Algo no era normal. Ni siquiera sé decir si, en aquel primer momento, lo que parecía no cuadrar con el resto de características de la situación parecía  no hacerlo para bien o para mal. Algo pasaba, simplemente. Y no cualquier algo, que al fin y al cabo siempre está pasando, sino un algo que no formaba parte del tipo de eventos que suelen tener lugar en el Burger King -en un Burger King- a las diez de la noche, pongamos que eran, de un sábado de junio. Se oía, se veía, se rozaba incluso a muchos de aquellos que sí actuaban de manera coherente con el momento y lugar en que nos encontrábamos: a nuestro alrededor se pedían hamburguesas, se dudaba sobre el menú a solicitar, se daban besos de tornillo a novios y amantes, se trataba insistentemente de entablar conversación con los camareros en idiomas totalmente incomprensibles para éstos, se cantaban canciones sobre equipos de fútbol y otras cosas de semejante interés cultural, se era inglés. Sin embargo, por encima  de todos estos estímulos sensoriales -o por debajo, eso era lo complicado de percibir- tenía lugar otro, de no se sabe qué naturaleza o intensidad. Que algo no era normal, vaya. Si ya lo he dicho.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Sin embargo, el misterio no duraría mucho. Aquella amalgama de sensaciones formada por muchas identificables y ¿alguna? desconcertante se fue trasformando, según aumentaba el volumen de ésta última -cosa que ocurría a la vez que se revelaba como fundamentalmente auditiva, claro está-, en dos conjuntos perfectamente diferenciados y, por tanto, mucho más fácilmente descifrables: por un lado, todo ocurría como siempre lo hace. Por el otro ese día, además, una señora gritaba mucho.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Gritaba mucho y cada vez eso, pues que lo hacía con más ganas.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Cada vez lo hacía con más ganas, cada vez se la oía mejor, cada vez despertaba más inevitablemente la natural curiosidad de todos los que allí estábamos, cada vez éramos más los que no nos conformábamos con oírla y la buscábamos con la mirada. Cada vez era menos una situación conocida a la que se sumaban unos cuantos gritos inesperados, cada vez era más una guiri entrada en años y con poca ropa que gritaba agresiva y sollozaba indefensa sucesiva pero ininterrumpidamente, y con mucha pasión.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, supimos que la habían robado. Supimos que se había dirigido al encargado del restaurante y que éste, en opinión de nuestra inglesa, no se había mostrado en absoluto afligido al conocer la situación. Supimos que ella le contaba todo esto a uno de los trabajadores del restaurante, ya en la puerta y frente a la policía, que llegaba a ayudarla, y que a su interlocutor le parecía que si ya llegaba la autoridad en la materia, que qué podía hacer él.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Supimos que a ella no le importaba demasiado si se podía hacer algo, si total, el bolso casi nunca se recupera, una vez robado. Esto último ya lo sabíamos antes de que pasara todo esto. Que los bolsos casi  nunca se recuperan, digo. Pero sí supimos todavía algo más: que a ella lo que le había herido era la falta de interés que el encargado había mostrado hacia su desgraciada situación. Su falta de interés y de lástima, que la ocasión bien lo merecía.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y es que, en la vida, estamos dispuestos a pasar por situaciones más o menos duras. Lo estamos porque &amp;ldquo;la vida es así&amp;rdquo;, porque sabemos cómo funciona la suerte, porque sabemos que muchas veces no estará de nuestro lado. Nos hacemos a la idea de cómo es la situación: esta vez me aguanto, que ya vendrán tiempos mejores. Ahora bien: si precisamente aguantamos porque sentimos que comprendemos lo que pasa -a nivel abstracto, digo, a nivel <em>reparto de suerte</em>-, lo aguantamos en consecuencia también  sólo SI ocurre como comprendemos que ha de ocurrir: y es que nos han enseñado que nosotros sufrimos,que los demás se compadecen, que esa compasión se traduce en una cierta cantidad de mérito que nos conceden por aguantar  con una cierta dignidad, que ese reconocimiento ajeno hace que aquello a aguantar se haga un poco más llevadero. Como una especie de ingreso menor que tiene lugar precisamente cuando nos sobreviene un enorme gasto imprevisible.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y claro, si de pronto falla ese reconocimiento, la pérdida es más grande. Es más grande porque no tenemos el pequeño ingreso, claro está, pero sobre todo porque no entendemos la situación. No es la que esperábamos, la que estábamos dispuestos a aguantar. Y es que Igual la nueva no nos compensa. </span></span></p><p> </p>	
]]></content:encoded>
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<title>27/05/2008</title>
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	<pubDate>Tue, 27 May 2008 13:47:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p> </p><p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Eran tres chicas, o quizá cuatro. Es posible, incluso, que fueran cinco. El número de ellas que realmente había es uno de esos datos que, debido a la peculiar naturaleza de mi relación con el grupo de personas del que quiero hablaros, sería incapaz de comprometerme a asegurar, aunque haya resultado parecerme lo suficientemente significativo en la descripción de los hechos como para decidir comenzar el párrafo con él. No es tan extraño, en realidad. Aunque no sepáis cuántas eran es relevante que os imaginéis, a partir de ahora, un grupo de chicas de unas características concretas en cuanto a dimensión -el grupo, digo-. No una chica ni dos, sino &amp;ldquo;un grupo&amp;rdquo;, que ya lo dice el término. Tampoco diez ni veinte, sino &amp;ldquo;un grupo&amp;rdquo; que, además de serlo, lo sea de un tamaño que posibilite una amistad de carácter multilateral y entre todos sus miembros. ¿Se entiende el concepto, no? Pues eso.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Pero os daré más datos, para que concretéis un poco más la imagen de nuestras chicas. Datos que, a pesar de mi peculiar relación con ellas, sí sería capaz de comprometerme a asegurar: </span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Que rondaban la treintena;</span></span></p><p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Que se conocían desde hacía tiempo -y es que los roles, dentro del grupo, estaban suficientemente desarrollados-; </span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Que habían decidido  hacer  juntas un viaje de cuatro días a Palermo, en Sicilia, con un saco de dormir y una mochila pequeña cada una, a modo de equipaje;</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Que el mencionado viaje tenía el objeto de visitar a dos miembros más del grupo, que pasaban en Palermo una temporada, como mínimo, superior a los cuatro días que el resto permaneció allí, y en el suelo de cuya casa serían utilizados los sacos que las visitantes habían trasladado desde Barcelona.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y ya.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Creo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Decía que conozco todos estos datos a pesar de nuestra relación, pero también gracias a ella. A pesar de, porque nunca nos dirigimos la palabra. Es más: porque nunca emitimos, ni ellas ni nosotros -yo también viajaba acompañada, y al mismo destino, claro- la más mínima muestra comportamental -un saludo, una sonrisa, un cambio de la expresión del rostro- de habernos percatado de la presencia de &amp;ldquo;los otros&amp;rdquo;. Gracias a, porque esta actitud de demostración de ignorancia mutua fue insistentemente asumida a lo largo de todo el viaje, y digo insistentemente porque las oportunidades de deponerla -en las que todos los protagonistas de la historia coincidíamos en espacio y tiempo- fueron más numerosas de las que pareciera normal en un viaje de estas características. </span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Las enumero:</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El tren de ida al aeropuerto de Barcelona. Trayecto: Passeig de Gràcia/Aeroport. 20 minutos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El avión de ida. Trayecto: Barcelona/Palermo. 1 hora y media largas.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El tren que lleva al centro de Palermo desde el aeropuerto. Trayecto obvio. 55 minutos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Una multitud frente al Teatro Massimo de la ciudad. Pasaba el Giro de Italia. 5 minutos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El restaurante donde comimos el segundo día. Ellas llegan más tarde, y pasan dentro. Nosotros habíamos preferido la terraza. 20 segundos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Un concierto, nocturno y gratuito, en una plaza de cuyo nombre me sería imposible acordarme. 10 minutos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La cola de facturación para coger el avión de vuelta. 15 minutos.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El avión, claro. Ya sabéis cuánto tiempo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Esas fueron las oportunidades. Fueron varias y diversas. Y en ninguna nadie movió una ceja.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Durante el citado vuelo de vuelta, y  a tiempo por tanto de cambiar la historia y  no poder explicarla, con toda probabilidad, en los términos en que lo estoy haciendo, me dio por pensar en las razones de tan testaruda actitud por parte de unos y de otros. Y, más que sus razones, en realidad me llamaba la atención  la coincidencia de pareceres, en el momento de decidir asumir tales actitudes. Y es que a todos nos había parecido, y nos seguía pareciendo mientras sobrevolábamos vete a saber qué, la manera más cómoda de llevar la situación. Sin embargo, según seguía pensando sobre ello, más que la coincidencia de pareceres me empezó a llamar la atención, sobre todo -aunque sólo cuando caí en la cuenta de que era así-,  la existencia de una situación diametralmente opuesta pero igual de familiar para todos nosotros:</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Te presentan a alguien, le ves durante apenas minuto y poco, te lo encuentras en el metro, te sientes violento si no hablas con él. Y ya no digamos si te da por no fingir que no le conoces.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Cuánto tiempo veamos a una persona no es el criterio que hace que nos sea menos pesado hablar con pseudodesconocidos que fingir ignorarlos. El rito iniciático de la presentación parece que sí lo sea.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">¿Las causas? Pues a ver:</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Está lo de que con el presentado tienes, al menos, un tema en común del que poder hablar -esa persona que tuvo la gran idea de llevar a cabo la susodicha presentación-. Pero no, no es eso. El tema en común hace la conversación menos incómoda, pero no la genera, porque nadie siente inquietud verdadera por explotar el tema en cuestión. De hecho encuentro que, si la razón para sentirnos forzados a hablar con alguien fuera verdaderamente lo que tenemos en común, qué mayor coincidencia de intereses conversacionales  se puede tener con alguien que con aquel con quien compartes experiencias paralelas de un mismo viaje, digo yo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Está lo de que el del metro sabe cosas sobre  nosotros -quiénes son nuestros amigos, por lo menos-. Pero no. Las treintañeras saben mucho más de mí que muchas personas que me han sido presentadas a lo largo de mi vida. Y lo digo en serio.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Está lo que yo creo. Yo creo que la violencia real de no cambiar el gesto ante la presencia del del minuto y poco radica en que existe la posibilidad de que esa decisión que hemos tomado, esa escena que hemos decidido representar, vuelva a nosotros. Que alguien nos cuente, en algún momento del futuro, cómo decidimos no inmutarnos, y que qué gracia, no, ya de paso. Y claro, a nosotros mismos sí que nos conocemos bastante. Y vernos haciendo el paripé sí nos molesta. No es ver haciendo lo propio ni a las treintañeras ni al presentado de minuto y medio en el metro. Es a nosotros.</span></span></p><p> </p>	
]]></content:encoded>
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<title>08/05/2008</title>
	<link>http://cosasquehacemosydecimos.blogia.com/2008/050801-08-05-2008.php</link>
		<description><![CDATA[ A mí me parecía que estaban de acuerdo en todo, aunque no porque en algún momento tuvieran la misma opinión sobre alguno de los temas que tocaban. En ninguno la tuvieron, como ahora os contaré. Me lo parecía,... 
]]></description><comments>http://cosasquehacemosydecimos.blogia.com/2008/050801-08-05-2008.php#comments</comments>
	<pubDate>Thu, 08 May 2008 14:07:00 -0500</pubDate>
<category>Es que es siempre el mismo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">A mí me parecía que estaban de acuerdo en todo, aunque no porque en algún momento tuvieran la misma opinión sobre alguno de los temas que tocaban. En ninguno la tuvieron, como ahora os contaré. Me lo parecía, sin embargo, por su interés en temas relativos -todos ellos- al dolor o la muerte. Por la pasión con que los sacaban, la profundidad con que los trataban, el esfuerzo con  que fingían no hacer ni una cosa ni la otra. Ya, eran ancianas, estaban en un centro de salud, de qué otra cosa podían haber estado hablando, supongo. Es que nunca he creído demasiado en los estereotipos, y cuando se me aparecen, pues eso, que me cogen con el pie cambiado.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El caso es que a ellas les parecía que el desacuerdo era total. Al fin y al cabo, mientras la del moño cuidadosamente sujeto pensaba que al dolor se acaba acostumbrando uno, la que no se había acicalado demasiado aquella mañana opinaba que, a eso, no se acostumbra uno nunca. Si la una hubiera estado dispuesta, de ser  posible hacerlo, a sufrir cualquier enfermedad si así conseguía liberar de ella a sus hijos, la otra sin embargo no lo tenía tan claro. Y al respecto de si hay que intentar dormir cuando el dolor no nos deja, la opinión de cada una incluía  un no dar crédito a la de la otra, dada la disparidad existente entre ambas. Total; que igual tenían razón. En realidad no parecía que fueran a ponerse de acuerdo sobre ningún aspecto concreto, a pesar de parecerse tanto.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y, de pronto, lo que no parecía ocurrió.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Las dos pensaban que al destino uno no puede escapar. Que lo que está escrito que nos pasará nos pasará, y que qué importancia puede tener, dado que es ése el caso, marear la perdiz con elucubraciones.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Según se hace evidente su acuerdo, se quedan mirando fijamente. Sonríen tímidamente, y yo, desde mi banco adjunto al suyo, supongo que han recordado lo pequeñas que son. Entonces una decide romper la intimidad del momento explicitando lo que se convertirá en el segundo gran acuerdo entre ellas:</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">-Claro. Como del destino no se puede escapar, cómo vamos a opinar lo contrario.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La otra señora, la que fuera que no enunció la frase, asintió con la cabeza. Eso también era obvio.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Era obvio que, si el destino está escrito, no se puede opinar con verdadera libertad sobre ello, o al menos no se puede opinar lo contrario. Y no les parecía una consecuencia obvia en el sentido de que sus opiniones, una vez habían sido aquélla -y por tanto cualesquiera que hubieran sido- también estuvieran escritas de antemano, no. No es eso lo que se decían allí calladas. Ellas creían que <em>no podían haber sido otras. </em>Lo inevitable, pensaban -o al menos pensaron-, no se puede tampoco <em>evitar opinarlo</em>. Esto es:que las verdades a priori, las verdades sobre el sentido de la vida humana*, no se pueden negar. Es como si, de alguna manera, fuéramos clarividentes ante las verdades de tan alto rango normativo: es verdad en el mundo, es verdad, de antemano, en nuestra cabeza, que forma parte del mundo. Ojalá funcionara así todo. Digo yo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: xx-small;">* que no digo que las haya, pero sí que lo sería el enunciado sobre el destino en cuestión, de ser cierto.</span></span></p><p> </p>	
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<title>22/04/2008</title>
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	<pubDate>Tue, 22 Apr 2008 13:28:00 -0500</pubDate>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="margin-bottom: 0cm"> </p> <p style="margin-bottom: 0cm"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La miro fijamente. Ella se da cuenta, y se pone nerviosa. Tendrá unos treinta y tantos, bastante fondo de armario y una hija insoportable que no para de subirse a una barra de las que se encuentran en los vagones de metro, ya sabéis, una de esas que sirve para agarrarse subiendo el brazo pero que luego descienden brusca e inesperadamente para acabar sirviendo para agarrarse bajándolo, o bueno, igual no sabéis de qué estoy hablando porque barras en el metro hay muchas, pero en cualquier caso es igual, porque no es vuestro reconocimiento mental lo que nos interesa de aquella barra en concreto, sino más bien el hecho de que, fuera cual fuere, las instrucciones que se le habían dado al respecto a la niña que a ella se encaramaba insistentemente era QUE NO LO HICIERA, y que por favor.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-style: normal;">Pero lo hacía, y su madre cada vez le rogaba </span><em>que no</em><span style="font-style: normal;"> con menos convicción en la voz, y la niña lo sabía e ignoraba sus súplicas con total impunidad, y entonces empieza el párrafo anterior y yo la miro fijamente, a la que ya sabemos que es la madre y de quién, y ella se pone nerviosa. La miro fijamente porque sí, quiero que se ponga nerviosa, pero sobre todo porque quiero que se ponga firme. Ella sube algo el tono; riñe con algo más de firmeza; me mira de reojo.</span></span></span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Ya lo sabemos, claro, que muchas veces nos aceptamos cosas que en realidad nos parecen inaceptables, y es porque si nadie nos ve es como si no ocurrieran.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Pero eso no es todo, creo yo.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Hay en esta historia otro señor, que un día en cualquier caso diferente del primero se encontraba en el mismo autobús que yo, y que parecía que dejaría escapar la oportunidad de recoger un papelito que se le había caído al suelo, y  que parecía, además, que lo haría sobre todo debido a la seguridad que había conseguido adquirir de que nadie le había visto: se le había caído el papel, había mirado a su alrededor, había creído apreciar que nadie la miraba, había dejado el objeto de la duda en el suelo. Sin embargo, sólo parecía que todo iba a acabar así. De pronto, como se ha dado cuenta de que ha mirado a su alrededor, resulta que se da cuenta de la razón por la que ha decidido no moverse, y muy rápidamente decide decidir lo contrario, y se agacha a recoger lo que se le ha caído.</span></span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;" lang="es-ES"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Lo que creo yo que sí es todo es que nos aceptamos cosas que en realidad nos parecen inaceptables no sólo porque sin testigos es como si no hubieran ocurrido nunca, sino también porque creemos que esa no es la razón. Por la que nos las aceptamos, digo.</span></span></p><p> </p>	
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