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Cosas que hacemos y decimos la gente-por Blanca Gómez López

20/12/2007

Ayer caminaba Diagonal abajo cuando una señora , que paseaba con sus amigas en sentido opuesto al mío, lo hacía invadiendo completamente el carril bici, que en ese caso –el de Diagonal- comparte espacio con el de los peatones. No puedo estar segura de ello, pero cuando aún las tenía lejos –ya me había fijado en la que nos interesa, porque a veces uso el citado carril y creedme, se les coge manía a los peatones que insisten en invadirlo- me pareció ver cómo una de las amigas de la protagonista le hacía ver su intromisión empujándola suavemente para invitarla a abandonar el carril, invitación que ella se limitó a ignorar. De todas maneras, como ya he dicho, no puedo estar segura de que tal secuencia invitación-ignorancia realmente tuviera lugar, de modo que sería injusto analizar el caso dando por hecho que así fue. Nos quedaremos con que, en cualquier caso, la señora sabía que caminaba por el carril bici, aunque no lo hiciera con actitud desafiante. Y lo sabemos porque, mientras se cruzaban conmigo ya y por tanto estaba a punto de perderlas para siempre,una bici pasaba rozándola a la vez que yo, pero por su otro lado, hecho que empujó a nuestra señora a afirmar, en voz bien alta: “no m’agraden, a mi, aquestes bicis”. Con esa frase ya había quedado dicho todo, con esas palabras ya teníamos todos los matices necesarios para que mereciera la pena comentar su visión sobre el tema. Sin embargo, su amiga le preguntó que cuáles –¿“aquestes”?- y ella respondió que las que iban por ese carril “perquè van així, tan ràpid”. Aunque la aclaración no modifica en nada el análisis que quiero yo hacer aquí ,la cito porque en realidad sí que aporta información sobre la veracidad de la suposición de partida que habíamos hecho:  la señora era, efectivamente, consciente de por dónde caminaba.

 
Esta señora afirma que odia “estas bicis”. Tal afirmación tiene un significado muy claro en las dos lenguas que estamos manejando aquí: que odia un grupo concreto de bicis, pero no todas. Ahora bien: la afirmación no la hace un mero espectador del grupo de bicis en cuestión, alguien que no tenga contacto con ellas. La hace una señora que ha decidido, previamente a su declaración, caminar por el carril bici. Es decir: primero ha decidido dejar de ser espectadora y comenzar a convivir –o, al menos, copasear- con un grupo de bicis concreto y a continuación ha afirmado detestar precisamente ese conjunto.

 

Estaréis conmigo en que la coartada lingüística es impecable: la señora no ha mentido (y me refiero a que no ha mentido cuando afirma odiar únicamente unas bicis, que es lo que ha querido decir, no al hecho de que si odia todas también odia algunas). No ha mentido y, sin embargo, no ha quedado tan mal como si hubiera afirmado detestar TODAS las bicis. ¿Cómo lo ha hecho? Es sencillo: odiar, odia todas del mundo, pero eso no lo quiere compartir con sus acompañantes. De modo que lo que hace es reducir el “mundo”: caminando por el tan mencionado carril, todas las bicis pertenecerán al grupo que ella odia, y no estará mintiendo cuando afirma que odia sólo las que pasan por allí. Lo que pasa es que serán todas las que vea en ese mundo reducido, y no estará mintiendo. Sí, ya lo sé, en ese momento las bicis que no pasen por el carril la delatan, pero yo me quedo no con que no miente atendiendo a todas las experiencias de su vida con bicis, sino con que no miente durante ese paseo, a lo largo del cual todas esas experiencias sí tendrán lugar en el carril.

 

Reduce el mundo, y aún va más allá. Una vez reducido, juega con el lenguaje y, aunque siente desde dentro de ese “pequeño” mundo detestando todas y cada una de las bicis que ve, habla desde fuera, desde el mundo “ampliado”, el que valía antes de que ella lo transformara: “no m’agraden, a mi, aquestes bicis”.

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4 comentarios

blan -

je -de verdad, me he reído-

cler -

La malbabente se la jugó bien jugada. Porque habría que hablar del valor que tuvo para quedarse en el carrilbici aun a riesgo de sufrir las consecuencias. Ella luchaba por su "Lebensraum", igual que Hitler en el 33. Compartir la Diagonal no es fácil. La Diagonal és dels catalans amants de l'ordre i la tradició. I dels cotxes, és clar.

blan -

Pues un poco sí que lo sugiero. Desde luego la malbabente no lo planeó tal y como yo lo vendo, pero sí creo que hay un algo de primero provoco y luego puedo malmeter sin que parezca que el odio lo traigo de casa.

Manolo -

Se admira uno de la sutileza de la señora en su mala baba. No estás sugiriendo que fuera una sutileza consciente, ¿verdad? Es más bien una especie de órgano sofisticadísimo para la mala baba que llevan de serie.
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