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Cosas que hacemos y decimos la gente-por Blanca Gómez López

21/02/2008

Un día de la semana que hoy acaba, sería incapaz de decir cual pero uno, en cualquier caso, en el que tenía una guardia en el segundo piso, conocí a Dani -si estuviera segura, o tuviera ganas de inventármelo, de que el día de la semana al que me refiero era un miércoles, se podría haber creado un bonito paralelismo con la entrada anterior, comenzando la de hoy con la misma frase que aquélla pero acabando la misma primera  frase con un nombre diferente y más adecuado a la ocasión: el de Dani, claro-. Dani tiene doce años, cursa primero de ESO y pasa más horas en el pasillo que en ninguna otra estancia del instituto en el que compartimos rutina, hecho del que puedo dar fe.
Le expulsan, le expulsan y le expulsan, y yo me lo encuentro, me lo encuentro e insisto en encontrármelo cada vez que hago una guardia cerca de la puerta de su clase. Me lo encuentro y me quedo con él, por obligación -la de que no se divierta mucho, es, mi obligación, que ya se sabe, que lo de lograr que los alumnos identifiquen la expulsión de clase con un castigo es tarea de según qué profesorado, y una más ardua de lo que puede parecer a primera vista, además-, pero también por gusto: me encanta hablar con él. A Dani le gusta bailar Doraemon en clase y participar en otras actividades de similar capacidad de tocar los huevos al adulto a cargo de la clase, pero es buena gente. Parece buena gente desde el primer momento, parece de los regularmente expulsados que tienen potencial para dejar de serlo, y claro, uno tiene la tentación, desde ese primer momento, de indagar un poco en su visión de la situación, que puede resumirse un poco como sigue:
-Me castigan haga lo que haga. Es así, y la verdad es que si me van a castigar es más justo que sea porque me he portado mal, así que me porto mal.

¿Es más justo? Por supuesto que no. Que si te van a castigar es mejor, céteris páribus, pasárselo bien por el camino, eso está claro. Pero no es eso lo que argumentaba Dani. A él le parecía más justo*.
A él le parece que, si comete la infracción primero, es automáticamente más justo que le castiguen sin razón alguna, como harían de todas maneras.
Esto podría ser cierto si, bajo la lógica de la justicia, sucediera que es cierto el orden inverso de sucesión mal comportamiento/castigo al que estamos acostumbrados, esto es: si fuera justo portarse mal a raíz de un castigo sin razón aparente. A Dani le podría parecer que, así como la respuesta que hemos acordado justa para el mal comportamiento es el castigo, el castigo del castigo puede ser, a su vez, el mal comportamiento. Si fuera esto lo que a Dani le pareciera, entonces sí habría elegido libremente portarse mal: él comienza un círculo que conoce de antemano, lo pone en marcha teniendo muy claro lo que ocurrirá (portarse mal-castigo es el proceso que conoció originalmente; cuando empieza a experimentar el castigo sin razón alguna elige portarse mal en el futuro como respuesta justa al castigo injusto que ya es capaz de anticipar, justificando así el que tenga lugar después de esta respuesta -ojo,no os perdáis, en realidad cada día sólo ocurrirían un mal comportamiento y un castigo, aunque en el proceso mental haya más: el castigo anticipado, infundado, y el que Dani decide que ocurrirá fundadamente después de portarse mal para castigar el primero-).
Ahora bien: lo que a mí no me parece es que a Dani le parezca nada de eso. No creo que él encuentre justa su respuesta al mal comportamiento de la profesora. Lo que sí creo es que, para él, la justicia actúa también de manera retroactiva: una vez te van a castigar, si no te has ganado el castigo no habrá manera de que sea justo, no se la podrás devolver con nada que hagas después (o antes, con anticipación, como estábamos tentados a pensar que hacía más arriba). Lo único que puedes hacer es portarte mal antes pero antes de verdad, sin anticipación, sin venganza, sino más por mera prevención: los actos de la profesora  serán así desde el origen justificados, se habrá hecho justicia aunque las “protorazones” del castigo, lo que sea que se encuentra en la mente de la profesora y que le habrían  hecho imponerlo hubiera lo que hubiera pasado, no tengan nada que ver con lo que en última instancia lo acaba justificando. Por eso digo retroactiva: el castigo ocurre, y además de ocurrir resulta -al azar, puesto que hubiera ocurrido igual- que existía una causa justificada...ergo el castigo es justo.

Si es esto lo que siente Dani, no es justo. No puede elegir. Se tiene que portar mal, porque si no no hay manera de salvar la situación, sobre todo la de la conciencia de la profesora. Pero Dani se sacrifica pacientemente por ella, cada día, y lo único en que tiene razón es en que está haciendo lo que se espera de él. Es terriblemente injusto, claro.

*Es importante señalar que el análisis se basa obviando completamente la posibilidad de que la profesora NO le castigue, en realidad, haga lo que haga. Carecería por completo de interés.

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3 comentarios

cler -

jo, pues a mí lo que me impresiona es que el tipo comentara a voz en cuello lo de la prisión preventiva.

blan -

pues yo creo que no sabe que parece más listo, o que no lo parece, de hecho; yo creo que sí se lía un poco, y es lo que me fascina, porque creo que es un mecanismo mucho más común de lo que parece, y tragamos con muchas más cpsas de las que deberíamos porque confundimos las causas de la putada que nos ocurre, o algo.Encuentra la teoría y enséñamela, me interesa sumamente.

Manolo -

No carecería de interés, creo, porque Dani en realidad no cree esas cosas que dice. Lo que cree es que así parece más listo, porque los argumentos sofisteros tipo Dani hacen parecer listo, eso está claro.

Por lo demás, me ha parecido muy interesante. Seguro que el argumento de Dani es un contraejemplo para alguna teoría de la justicia que habrá por ahí.
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