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Cosas que hacemos y decimos la gente-por Blanca Gómez López

05/03/2008

Hace ya días, y como todos por otro lado, tuve la oportunidad, las ganas y no más remedio que escuchar un fragmento de una conversación ajena que tenía lugar a mi lado en el tren de cercanías. Ocurre cada día, lo de escuchar fragmentos de conversaciones o fragmentos de otro tipo de formas de comunicación o conversaciones enteras; eso decía al principio. Ocurre cada día, y esa es la razón de que habitualmente uno comience a escuchar cualquier muestra de cualquiera de estos tipos con una sensación que se parece bastante, en el mejor de los casos, a la desidia más absoluta. Sin embargo, a veces tiene uno la oportunidad de no tener más remedio (esta vez no ambas cosas, sino la primera de la segunda) que escuchar absorto la información que le llega desde los demás. Y no porque exista siempre la posibilidad de sacar punta a todo como me dedico a hacer yo, por norma, sino debido al abismo que le separa del sujeto emisor en lo que a experiencias vividas se refiere.
Pero, además, algunas veces de ésas resulta que lo que más le impacta a uno no es el contenido en sí de aquello que escucha, no es cuán alejados están los hechos por otro relatados de poder ser contados alguna vez en primera persona; a veces es precisamente lo contrario lo que más conmueve al pasivo espectador: cómo las vidas de personas cuyas experiencias diarias son de hecho tan dispares pueden vivirse de manera tan parecida.
Hace ya días, y no como todos, resultó que era una de estas veces de veces.

Para confirmar que el fragmento que escuché podía haber pertenecido a una conversación mantenida por cualquiera de nosotros ante cualquier evento mínimamente excepcional de nuestras vidas -un examen vital, un nuevo curro con un horario imposible, un me voy a vivir a otro país-, me he permitido omitir las palabras clave, las que explican lo que pasaba, y dejar las importantes, las que explican cómo lo pasaba el que las decía.

VOZ MASCULINA: -Estoy bastante nervioso, a ver qué me dicen en -----------. Yo me temo lo peor, pero por ser pesimista. He dado por hecho que será---------------------.
VOZ FEMENINA: -Bueno,no creo que sea para tanto
VM: -Sobre todo, sea lo que sea, si ----------- vosotros me hacéis el favor de encargaros de la ---------, ¿no?
VF: -Que sí, que no te preocupes, que para eso están los amigos, si es que haces un mundo de todo. Todos tenemos problemillas, y lo que hay que hacer cuando se tienen es pedir ayuda a los colegas y ya está. Lo que no puedes hacer es ponerte en plan fin del mundo, que entonces sí se te viene todo encima.
VM: -Ya, si tienes razón. A mí me preocupa que os hagáis cargo de eso, de pagar --------------, lo demás ya me apaño yo solo.
VF: -Además, ya verás como ------------ al final no es para tanto. Me han dicho que se va a un montón de excursiones, y tendrás un curro y todo.
VM: -Y si hago amigos, pues mejor. Espero que haya buena gente, porque cuando estás así pachucho tener a alguien a quien contarle tus movidas, pues es mejor. Es que estoy nervioso, eh, tengo la tripa haciéndome cosas.
VF: -Es que eres un exagerado. Se pasa chulo, y aquí todo va a estar bien. Mira, nos bajamos en esta.

Me pareció reveladora la manera de sentir las cosas, de uno y otra. Pase lo que pase en la vida, se ve que la vida se parece mucho a sí misma.

El chico se temía prisión preventiva hasta el juicio, y quería que pagaran la pensión de su hija para poder volverla a ver alguna vez. Pero allí se ve que se pasa bien, que al final sí te da el aire.

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2 comentarios

blan -

Pues eso es lo que me dejó de piedra: que la teoría me la sabía, pero así en directo y con la situación a comparar tan diversa y tan igual a las mías... pues eso.

Manolo -

Ese es el tema, que no está claro cuán dispares son esas situaciones. La prueba de que casi ninguna vivencia es, en el fondo, radicamente distinta, es lo fácilmente que nos acostumbramos.
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