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Cosas que hacemos y decimos la gente-por Blanca Gómez López

1/11/2016

Hace poco más de una semana vi una peli francesa sobre una profesora de filosofía que atraviesa un momento crítico en su vida. Ni especialmente  bueno ni especialmente malo, sólo crítico. Para mí esa es la gracia de cómo está contada la historia. Pero no fue mi opinión acerca de la película lo que me llevó aquella noche a pensar que podría merecer la pena volver a reflexionar sobre las actitudes humanas que me rodean. Fue la opinión del chico que se sentaba en la fila de delante de la mía. Su opinión sobre qué. Vete a saber sobre qué. Ese es el quid de la cuestión.

Mientras mirábamos los títulos de crédito pasar, la chica que le acompañaba y él empezaron a intercambiar impresiones sobre la película. La chica, como yo, parecía opinar que la protagonista, en un momento dado, se limita a ser testigo de la manera de vivir de otras personas. Que no decide cambiar o no cambiar aspectos definitorios de su forma de vida, sino que simplemente mira y reflexiona y ya de paso reflexionamos todos con ella. El chico opina en cambio que sí, y ofrece argumentos a favor de esta tesis hasta que ella le acaba dando la razón, aunque a mí en aquel momento me parece que no la ha convencido. Pero quizá aquí estoy obviando el efecto de que a mí me resultan argumentos que no se sostienen y por tanto es a mí a quien no había convencido, por supuesto.

Una vez aceptada por ambos la premisa de que la protagonista ha elegido no cambiar de vida, a la chica le parece “normal” esta decisión, dadas ciertas circunstancias argumentales que no entraré a detallar.

Una vez expresada esta apreciación, el chico se enfada mucho. Con la chica, porque cómo va a ser normal, porque vaya “sangrehorchatas” la protagonista, ella y la madre que las parió a las dos.

Yo me quedo allí mirándoles, pero sobre todo escuchándoles, y no puedo evitar pensar que él se ha enfadado por exactamente ninguna razón.

Y que lo que él cree que ha pasado es:

El director quiere transimitir su idea sobre cómo se debe vivir una vida, ergo

La protagonista lleva esta idea a la acción decidiendo permanecer en la vida que tenía, ergo

Su amiga puede opinar que le parece normal, ergo

Entre ellos hay diferencias hasta cierto punto (el que impediría el berrinche) insalvables sobre, una vez más, cómo se debe vivir una vida. Y eso probablemente signifique una seria amenaza para la relación que sea que mantienen.

Pero es que no ha pasado nada de esto. El director no quiere explicarnos cómo hay que vivir, sea cual sea su idea al respecto. La protagonista no refleja con sus acciones, por tanto, inclinación teórica alguna de quien ha inventado cuanto ella hace. Y a su amiga no le parece normal, sencillamente porque no cree que la protagonista haya decidido nada.

Él se ha enfadado por la sucesión de tres hechos causalmente relacionados, ninguno de los cuales ha tenido lugar.

Y ya no digamos la relación causal.

Pobre chica.

Sólo un matiz y ya os dejo en paz por hoy: se puede argumentar que hay algo de verdad en su tercera suposición ( la amiga opinando que es normal ), y que es ésta al fin y al cabo la única necesaria para iniciar su cólera. La opinión de su amiga sobre algo que ella cree que no ha pasado, ¿sería la misma si creyera que sí? Porque es eso lo que en realidad  le cabrea. ¿Y no es lo que ha intentado transmitir ella, lo que opinaría si creyera que es verdad, para poder mantener la conversación y no discutir más? Es decir, si ella está pensando que le parecería normal una decisión de la protagonista caso de haberla tomado, no es ese motivo suficiente para que él se enfade legítimamente? Yo creo firmemente que no. Si alguien cree que una persona (un personaje, en este caso) no ha iniciado una acción porque no ha percibido disyuntiva al respecto, y no porque haya decidido no actuar, ese alguien no puede saber qué opinaría en caso contrario. Le parece, forzosamente, normal, dado que en su cabeza esa situación ha sido asumida como la continuación natural al momento en que supuestamente se estaba decidiendo. O, dicho de otra manera, sólo puede encontrar una equivocación en una respuesta por inacción quien percibe el conflicto y por tanto respuesta alguna.


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