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Cosas que hacemos y decimos la gente-por Blanca Gómez López

12/06/2007

Hace ya cosa de un par de semanas una funcionaria interina de inglés que ronda los cuarenta y aún no conoce bien a sus nuevos compañeros de trabajo -acaba de llegar al centro para llevar a cabo su última sustitución del año- llegó al bar donde, cada día, el resto de los profesores tomamos el café. Muy en contra de lo esperable de un recién llegado a un grupo social -discreción, pongamos por titular- la mujer se marcó un speech, desde el mismo momento en que entró por la puerta, de nunca menos de diez minutos de duración. Las frases que lo componían eran sueltas. Lo que se conoce por "frases sueltas", quiero decir. Tenían, o así lo parecía desde las circunstancias concretas del público asistente -que apenas la conocíamos, vaya- bien poco que ver entre sí. En realidad no resultaba excesivamente difícil adivinar por dónde iban los tiros -los de conectar las frases, digo, tipo "a esta tía lo que le pasa es que..."-,  pero la cuestión es que, bien mirado, esos tiros no tienen el menor interés. Lo que quiero rescatar aquí son las cuatro ideas inconexas que resumen todo lo que allí se dijo y cuyo desarrollo, no mucho menos esquemático, compuso la totalidad del monólogo:

1-Me gustaría enamorarme de alguien, para poder hacer locuras, como hace la gente.

2-Quiero dejar este trabajo, pero no la lista de interinos, porque no quiero haber perdido el tiempo que ya le he dedicado.

3-He echado un CV en el Corte Inglés de Lisboa, porque de pronto se me ha iluminado la bombilla cuando he pasado por delante del de Nuevos Ministerios: si es el Corte Inglés, pues tendrán un único proceso de selección...

4-Con este señor que os contaba el otro día pues es que no sé si quiero estar, porque es que cuando estoy con él lo único que me apetece es beber whiskey, así que yo creo que me voy a ir a Estados Unidos.

Hay tantas versiones de no saber de qué va la vida de uno como personas en el mundo. Éste no entenderlo en concreto, el de esta señora, no es ni mejor ni peor que el mío ni que el de nadie, claro, pero ya me gustaría a mí poder expresar el mío, algún día tonto, con ese arte.

04/06/2007

Esta mañana, como cada mañana, en realidad, Ana estaba muerta de nervios. Cada vez que tiene que pasar por cualquier tipo de prueba, y por supuesto entonces cada vez que va a examinarse, los nervios se la comen. Le va bien, tiene unas notas muy aceptables, pero es que se la comen. Encima tocaba historia. David, sin embargo, también como cada vez que va a examinarse, se gusta. Se lo sabe todo, intenta recitarme la frase más recóndita de sus apuntes para demostrármeyselo...

Son amigos desde primaria. Se sientan juntos, en primera fila. Llegan los primeros a clase, van juntos al patio, se sacan el sandwich a la vez.

Esta mañana, y vuelvo así al hilo, David estaba intentando contarme la biografía de Rasputín. Esto último no es ningún recurso estilístico; es un hecho. Ana, que se ha puesto más nerviosa si cabe ante no sé qué dato que David exponía, ha espetado en bajito "Joder, no empieces con tus...". Nada más. David la ha mirado, ha puesto cara de intensa desaprobación y ha contestado "Es que no he empezado ni a hablar y ya estás..."

La situación era tan clara, la hemos vivido tantas veces, somos tan más mayores que ellos. Ana, antes de acabar de decir lo poco que ha dicho, ya estaba arrepentida. De hecho, ha mirado al suelo y no ha seguido hablando. Pero no iba a admitirlo, y, además, tampoco importaba que fuera a hacerlo, porque David tenía que contestar y ya nada tendría remedio. Pero claro, estaba yo allí mirando, y me han enternecido: "Vosotros sois amigos desde muy pequeños, ¿no? Se os nota". Ya está. Fin de la sensación de culpa. Se han sentido afortunados y han sonreído.

Qué guay es saber que sólo hay que comentar lo que está pasando para que deje de pasar. Qué rollo que no nos lo apliquemos casi nunca.

31/05/2007

El sábado cogí prestado Berlín Alexanderplatz de la biblioteca Joan Fuster, de Barcelona.

Trata de un señor en una ciudad. De momento.

Dentro, encontré una fotocopia de un artículo de un periódico sin identificar: ¿Por qué lo hacen? de Josep Peñuelas Reixac.

Trata de lo difícil y meritorio que es ser científico en general y lo más de lo uno y lo otro que supone serlo en España en particular.

Por detrás, a mano -tinta azul-, alguien ha escrito, literalmente:

En US la vida parece una película, porque todas las películas se ruedan allí. Todos los norteamericanos son actores y sus casas, sus coches, sus deseos parecen falsos (32)

Nada más. No sé de qué fuente proviene. Ni siquiera me gusta mucho la cita. Pero me encanta la tercera derivada que supone colgarlo aquí, porque a alguien le pareció que merecía la pena copiarlo.

Total, este blog va de eso.

 

28/05/2007

El Café Comercial. Yo, sentada con un refresco y, precisamente, pensando en si me apetecía escribir algo en algún tipo de blog. Hacia la una de la tarde. Aquello, casi vacio. Delante de mí, la típica pareja que se ve a estas horas tomando café: hombre y mujer, en sus 50, hablando de sus proyectos... la típica relación a media distancia, vaya, pero de gente mayor y progresista de los de toda la vida.

Yo les miro y me imagino que uno de ellos -sí, creo que es ella- desea secretamente al otro desde hace años, y que ésa es la razón por la que la relación nunca ha ido a más intimidad, y por la que, de hecho, a él ella le resulta hasta pesada...

Se van. Me concentro mejor en mis cosas, al poder dejar de pensar de dónde será ese acento -el de ella-. Yo diría que yanki, por cierto.

El camarero comenta, al único otro cliente -¿por qué no me lo ha comentado a mí? Creo que tengo que hacerme mirar lo de mi sociabilidad, desde luego- que alguien se ha dejado una bolsa llena de cosas debajo de una mesa. Comenta, ya que está, la frecuencia con la que esto pasa, algo sobre las características de las bolsas de plástico en general... un montón de cosas, en realidad. Qué capacidad de comentario.

Yo, mientras tanto, me imagino a alguien en algún punto de Madrid que se da cuenta de que ha olvidado su bolsa. Con el currículum dentro. Y que la entrevista empieza ya, y que no lo ha traido.Y en cómo reflexiona sobre la ironía de las oportunidades únicas...en fin. Vuelve el silencio.

Alguien reclama la bolsa. Mira, pues no ha habido drama, qué buena noticia. Anda, si es ella. La yanqui. A grandes voces, nos llama la atención a todos sobre que sí, que confirma que es su bolsa y sobre lo despistado de su forma de ser. Se sienta, a llamar por teléfono un momento.

Yo pienso en que es normal, que si se ha olvidado sus cosas ahora llegará tarde a algún sitio -a entregar, probabelmente, ese proyecto de festival que finalmente demostrará que el cine austríaco todavía tiene mucho que decir... - y que, ya que ha vuelto a entrar, mejor se está hablando sentada en el Café Comercial que en los bancos de la calle. Con el día que hacía, ya os digo yo que sí. Pue eso, que será un momento. Que ahora se irá.

Pero no: cuando acaba esa conversación, se pide una coca-cola. Y llama a alguien más. A este alguien empieza preguntándole por las niñas, conque. Se confirma. Quería rehuirle. A "él", claro está. Al él que tan claramente deseaba en silencio.

Yo sólo puedo admirarla. Qué manera de echar a alguien de una cita. Qué manera de que te dé igual lo que pensemos el resto -todos la hemos oído decir que tenía prisa, Juan, que es que no hay tiempo nunca para nada...-. Imagino entonces que él, hace años, le pidió la mano. Toda era al revés de como yo lo había imaginado. Ella se horrorizó. Y eso que quererle, le quería. Nunca volvió a ser lo mismo. De hecho, qué digo, nunca volvieron a hablar. Hasta ayer por la tarde. Él quería quedar. A ella la proposición no le producía más que pereza, pero no ir la hubiera convertido toda en culpabilidad.

Lo único que había ocurrido allí es que dos tíos se habían tomado algo y uno de ellos había vuelto después a hablar por teléfono. Pero, igual que las cosas pasan aunque nadie las vea, las cosas pasan de una manera concreta aunque alguien las vea. Si nadie las ve, su significado puede cambiar definitivamente. Si alguien las ve, mucho más.

Eso es lo divertido de lo de vivir aquí todos juntos.

21/05/2007

Hoy tres de mis alumnos han recibido una grata noticia de mi parte: han aprobado la tercera evaluación de una asignatura -cuál, no es relevante- de la que hasta ahora no habían aprobado ni un solo examen. La posibilidad de superar la asignatura completa en junio se limita para ellos, ahora, a la superación con éxito de una prueba final que tendrá lugar pasado mañana y que comprenderá únicamente aquello que todavía tenga suspendido cada uno.

Aprobar dos evaluaciones en dos días es, a todas luces, muy complicado. De hecho, no habiendo comenzado a estudiarlas, el haber superado la tercera no es sólo poco útil de cara a aprobar la asignatura: es, incluso, contraproducente. Como poseen, y lo sabemos porque la han aprobado, conocimientos correspondientes a una de las evaluaciones, tendrían más posibilidades de hacer un examen final digno si éste comprendiera las tres.

Pero no es el caso: sólo les preguntarán sobre aquello que todavía ni han leído. Todo se pone demasiado complicado, habría sido más útil estudiarse la tercera pero no presentarse, y esperar al examen final.

Sin embargo, la noticia les ha inyectado una dosis de vitalidad para afrontar el estudio de la asignatura como ninguna otra cosa hasta ahora: si han aprobado una, pueden aprobarlo todo. Y, para ello van a matarse a estudiar, y probablemente suspenderán, pero probablemente también después de ese matarse estarán más cerca de aprobar de lo que lo han estado nunca.

La información que nos llega del entorno - como seres vivos que han de procesarla y crear respuestas que aseguren la propia superviviencia- es , en el caso de los seres humanos que conozco, prácticamente irrelevante. No porque no condicione de manera definitiva nuestras acciones, sino por el sentido en que lo hace. No es irrelevante su existencia; no lo es, tampoco del todo, su contenido. Sí lo es, sin embargo, el signo de éste: tanto la afirmación como la negación del mismo enunciado "por parte del entorno" pueden provocar idénticas interpretaciones por nuestra parte.

Cómo reaccionamos ante lo que nos pasa es una variable relevante de cómo lo entendemos. Cómo lo entendemos, no lo es del contenido real de las experiencias. No lo es, en absoluto, de "lo que nos pasa".

Para que lo sea de manera eficiente, para no caer en la incoherencia, existen ya elaboradas teorías sobre toma de decisiones. Vaya, que no es que no esté todo dicho al respecto. Es que yo, hoy, lo vuelvo a decir.